UN SENDERO ENTRE LAS NUBES: A PIE DE FINISTERRE A ESTAMBUL
NICHOLAS CRANE
Hoy quería comentar un libro que no pasará a la historia de la literatura, ni tampoco del mundo editorial, una historia que por desgracia no está contada de forma ágil, pero que merece la pena contarse:
El viaje que decidió hacer Nicholas Crane, todo un personaje que decide a punto de cumplir los 40 y poco después de casarse, tomarse un año de su vida para recorrer andando en solitario el camino desde Fisterra a Estambul, y se propone hacerlo cumpliendo dos reglas básicas: hacerlo andando sin montarse en ningún artilugio mecánico, y que lo va a hacer a través de la cadena montañosa que cruza Europa, a través de la cordillera cantábrica empezando por los Picos de Europa, cruzando Euskal Herria, los Pirineos, los Alpes, los Cárpatos y finalmente los Balcanes, hasta volver a ver el mar al tocar el Bósforo.
El viaje en si es todo un reto (de hecho no pudo hacerlo en el tiempo previsto y disfruto del camino durante 506 días) y más para alguien que nunca había realizado un viaje en solitario, y eso en si mismo ya justifica la lectura, pero tiene factores añadidos que lo hacen interesante;
En primer lugar, en un continente tan densamente poblado y tan “desarrollado” como Europa, ahí arriba en las cumbres es el único sitio donde aún vive gente que se sitúa en la periferia del mundo moderno, de los que ven como las fronteras van cambiando mientras ellos se aferra a su cultura ancestral (bueno, no es tan poético, pero es cierto que ahí radican las culturas más marcadas de Europa, aquellas que por lo general no están demasiado acordes con el mapamundi político…) y que se mantienen vivos idiomas, costumbres y modus vivendi que en el llano ya se olvidaron cuando no parecen directamente imposibles.
Además, trata de la posibilidad misma de hacerlo (el hecho de ser escritor de viajes ayuda mucho!), el impacto de un periodo tan prolongado de soledad buscada respecto al entorno social habitual, tanto en uno mismo como en las relaciones con los otros, la sensación de seguridad o de falta de la misma que te provoca la costumbre, las dificultades logísticas que ofrecen las zonas calcáreas (donde no hay cursos de agua) o las que tienen muy poca densidad de población (que te obligan a llevar encima la comida de una semana), el guirigay de idiomas que tenemos en el viejo mundo, la enorme diferencia entre andar en primavera con el sol a la espalda o cruzarse los Alpes en pleno invierno bajo la tormenta (que te retrae a la época glacial, un mes sin ver más que nieve y sin bajarte de las raquetas ni quitarte el pasamontañas…), las terribles diferencias de poder adquisitivo, la posibilidad real de ataque por osos o lobos (si, aquí cerquita, existen) o por otros hombres (que pueden ser mucho peores que los lobos).
Una sorpresa que merece en sí misma la lectura del libro, y que no tenía ni idea que me iba a encontrar: Nick se cruzo al otro lado del telón de acero al poco de su desmantelamiento, y se recorrió media Europa del Este, hasta el corazón de Ucrania en un momento en que las sociedades exsovieticas mantenían mucha de su idiosincrasia, hecho que probablemente sea ya irrepetible.
A recalcar un par de reflexiones más del propio autor: la seguridad que da el saber que tienes una familia que te espera, las incertidumbre que le provocaba los fugaces encuentros con su mujer, su padre o algunos amigos (quedaban periódicamente durante unos días en puntos accesibles como las ciudades “grandes” que pasaba) y sus dudas sobre si merecía la pena seguir el camino, la angustia de la separación o incluso del reencuentro cuando sabes que vas a volver a separarte unos pocos días después… y más curioso aun, el pánico al cambio, al iniciar el viaje por todo lo que dejas atrás, el miedo al empezar la ascensión a la primera cordillera seria y saber que se acaba la broma, o incluso, el vértigo a terminar el propio viaje, cuando tras 17 meses ya se ha convertido en tu propia forma de vida y te ofrece una libertad que desde luego no tendrás al volver a tu casa de Londres (llegó incluso a fantasear con prolongar la caminata).
Lo dicho, una historia real contada por su propio protagonista, de cómo un sueño puede hacerse realidad y como este te cambia, afecta a tu entorno, y las distintas vidas que existen aquí y ahora. Mucho más en si mismo que la historia del viaje que me llevo a abrirlo ilusionado, a entornar una sonrisa al leer la contraportada.
Pablo Mendoza

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