lunes, 28 de enero de 2013

Sin blanca en Paris y Londres

B.López





Leer a Orwell siempre es un placer, y “sin blanca en Paris y Londres” es una sorpresa profundamente recomendable.

Orwell, uno de los autores más leídos del siglo XX y cronista de excepción de su época, probablemente porque la vivió intensamente y pertenece a esa clase de hombres que no se venden ni a sus propias ideas,
pasará a la historia de la literatura (y no solo de la literatura) por “Rebelión en la Granja” y “1984”, dos libros que se ven habitualmente en el metro y que ya han sido comentados en esta página, y que se venden (es que se venden!) en la entrada de cualquier librería.

También es conocida “Homenaje a Cataluña” una de las más interesantes y recomendables narraciones sobre la guerra del 36, contada en primera persona, tal cual la vivió como miliciano del bando perdedor en el bando derrotado. Una experiencia que según dicen los entendidos le marco profundamente y sin la cual no se podrían entender ni “rebelión” ni “1984”.

Pero “sin blanca” es muy anterior, y nada tiene que ver con ellas. Faltaban muchos años aun para pisar Barcelona o jugarse más que sus ideales en el frente de Aragón, no había vivido aun la política en mayúsculas (bueno, esa probablemente si) pero no la triste de los partidos y sus miserias.
Hoy hablamos, desde su lucidez habitual,  de como relata sus experiencias cuando vivió rozando o directamente en la indigencia, primero en Paris y luego en el área metropolitana de Londres.
El mundo ha cambiado mucho desde la Gran Depresión que el pasó, pero mucho de lo que cuenta, de lo que de verdad vale; del hambre, la amistad y la falta de la misma, el buscarse la vida, la enorme diferencia entre el dormir a cubierto o bajo las estrellas cuando no es buscado, en un albergue o en tu propio cuarto, el poder comer de aquella manera o el depender de la caridad, las diferencia entre tener miedo a tener hambre o llevar unas monedas en el bolsillo y un plan en la cabeza. La explotación y el engaño, la huida hacia delante, la carretera y la manta.
Pero también habla, y merece la pena escucharlo, de sus compañeros de acera, de sus sueños y dificultades, frustraciones, soluciones y modus vivendi. Un universo de borrachos, putas baratas, todo tipo de locos, exconvictos, desgraciados, tullidos, gurus e iluminados, gente acomodada a un tipo de vida del que ni puede escapar y aquel que tampoco lo cambiaría por nada. Que de todo hay en la vida y en sus calles.
Y del ser extranjero, de las diferencias entre franceses e ingleses y sus legislaciones entonces vigentes, de cómo se puede torcer la vida de un día para otro, de cómo perderlo todo y mantener la cabeza lucida.

En resumen, olvídate del Orwell que explica mejor que nadie la miseria de los que quieren hacerse con el mundo y de los que les dejan hacerlo, de la “gran política” entendida como sistema en si mismo, del doble lenguaje, de la mentira masiva y no replicada.
Hoy hablamos de la verdad con mayúsculas, de la de la vida en la calle, y de los que le acompañaron. No lo dudes y a por el!

                                                                            Pablo Montoya

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