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| mural de Diego Rivera |
Mexico Insurgente es mucho más que un libro de viajes, que el artículo de un gran corresponsal, que el más influyente relato en el imaginario colectivo sobre la revolución mexicana (en 1911). Es poesía visual pura en prosa vibrante, es un tratado de filosofía de la vida y un estudio sociológico que no desprende moralina. La pluma de Reed en estado puro, y la sensación al leerlo de no solo haberlo visto, de haberlo vivido.
Porque en el fondo, el relato es el que inspira todo el imaginario de aquella historia en el norte de México. Pancho Villa cabalgando al frente de un ejército de desarrapados ganando terreno. Un tren blindado. Tequila y tiros al aire. Fusilamientos. Bailes y corridos. Jarapes de colores y poco para comer. Inmensas Haciendas polvorientas lejos del telégrafo. Gentes haciendo lo que creían que tenían que hacer, y toda una corte de personajes con sus muy peculiares vidas alrededor.
Las películas, las leyendas, los libros que leíste, las buenas y las malas, los Agáchate maldito y Gringo viejo, las fotos en blanco y negro con un inmenso sombrero y 2 canadas cruzadas sobre el pecho… todo esto, solo esto y su misma esencia, es exactamente lo que narra en sus líneas.
Pero no solo eso. John Reed no podía comprender (ni tú, ni yo), aunque la respetase, una revolución medieval con sus ojos contemporáneos. La orgía de sangre, la misma táctica de combate, la falta general de estrategia, lo pintoresco del día a día, la falta de un ideario concreto mínimamente explicable… llamaban profundamente su atención, tanto como la entrega y pureza de aquellas gentes, fueran amigos o enemigos. Y eso es lo que narra con pasión, respeto y mucha dignidad.
El relato adolece en mi opinión solamente de dos fallos: está muy limitado en el tiempo (llego con todo empezado y se fue antes de que acabara) y en el espacio (se centra exclusivamente en la zona norte, donde combatía Villa), pero por lo demás es magnífico, y si te interesa el tema, recomendable. No hay mejor reportaje, una fantástica foto puntual de un instante irrepetible y de sus gentes, hecho desde el corazón y con muchas ganas, desde un profundo respeto, con un oficio intachable y para bordarlo, con pluma ágil.
¿Se puede pedir más?
Pablo Mendoza

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