| ilustración Vicente Chumilla |
Belén Gopegui, para quien no lo
sepa, es una autora madrileña con fama de buena escritora y además muy
concienciada políticamente, a la que no le importa pronunciarse sobretodo tipo
de temas y mojarse en cuestiones polémicas. Además, lo hace con mucha calma y
las suelta que da gusto.
Esta introducción nos ayudará a
entender un poco el libro del que vamos a hablar, que no fue escogido por estos
motivos sino por otro más mundano: el libro andaba por casa.
“El padre de Blancanieves” trata,
si es que podemos sintetizarlo de alguna forma, sobre la llamada “clase media”
y su crisis de existencia, analizada desde diferentes enfoques. Básicamente hay
una familia con un nivel de vida acomodado, sin grandes lujos, puestos de
trabajo fijos (profesora de Instituto ella, empleado de una empresa de software
él) y tres hijos. La mayor, de 21 años, militante de un pequeño colectivo de
izquierda alternativa. Bien, resulta que hacen un pedido al supermercado, el
repartidor llega tarde, este deja la compra a los vecinos y los congelados se
descongelan. La madre, Manuela, al verlo se queja y al quejarse echan al
empleado, que va a pedir cuentas a Manuela por esto. Esta es la movida.
A partir de aquí, surgen
diferentes historias. Manuela decide intentar experimentar una vida de clase
obrera y cuestionarse todo, Susana (la hija militante) propone a su colectivo
que empiecen a crear alternativas. El padre, ante el panorama, se agarra los
machos.
Entre estos tres personajes se
enfoca el tema de la clase media. Se hace una referencia clara a la clase media
como esa clase obrera con más poder adquisitivo que por medio de su diferencia
salarial con la clase obrera con menor poder adquisitivo se permite comprar
todo tipo de historias para crearse “su burbuja”. El padre es un defensor de la
clase media, su vida acomodada, sin problemas, aunque al mismo tiempo vive
totalmente asustado porque sabe que eso es una burbuja que en cualquier momento
se puede romper, pero prefiere cerrar los ojos y mirar hacia otro lado y
revindica su derecho a hacerlo. La madre, debido al acontecimiento del
supermercado, se cuestiona todo y decide intentar cambiar las cosas o intentar
que al menos nos las planteemos, mientras que la hija vive en una especie de
contradicción entre una vida entre algodones y una militancia pretendidamente
radical.
En torno a estos tres personajes
y sus reflexiones, sensaciones y conversaciones gira el libro, planteando
muchas preguntas hacia los propios personajes y hacia el propio lector, con
cierta crudeza pero sin pretender ser aleccionadora.
Además de esta trama familiar, la
autora dedica una especial atención a las historias del colectivo
revolucionario de Susana y sus historias. Las vidas de sus militantes, sus
anhelos, sus “por qué”. Introduce la autora un elemento interesante y es que al
“ser colectivo” que es la organización, le da “voz” como un personaje más, de
forma que el colectivo reflexiona sobre su función, sobre sus militantes, etc.
Esta parte es más interesante para aquellos que hayan tenido o tengan contacto
con organizaciones políticas minoritarias, ya que pone sobre la mesa cuestiones
como la marginalidad de estas organizaciones, su desorientación, sus delirios,
pero también sus necesidades, su fuerza de voluntad, lo negativo y lo positivo.
Para las personas que no tienen contacto con esto tal vez les parezca una parte
más aburrida. Igualmente, una iniciativa del colectivo es de tipo científico y
utiliza mucho lenguaje medio especializado que puede llegar a ser algo
engorroso para los que somos de letras aunque en ningún caso supone una pérdida
del hilo argumental, más allá de que te quedes un poco perdido con alguna
palabra concreta.
En fin, un libro interesante,
curioso, que da que pensar. No engancha pero tampoco aburre, queda en ese
terreno peligroso del “está bien”, ya que muchas veces el “está bien” es el
camino más corto hacia el olvido de una creación, pero en este caso, las
reflexiones que introduce son suficientes como para conseguir que lo mantengas
en la cabeza un tiempo.
El Alacrán
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