viernes, 15 de junio de 2012

EL PADRE DE BLANCANIEVES

ilustración Vicente Chumilla

Belén Gopegui, para quien no lo sepa, es una autora madrileña con fama de buena escritora y además muy concienciada políticamente, a la que no le importa pronunciarse sobretodo tipo de temas y mojarse en cuestiones polémicas. Además, lo hace con mucha calma y las suelta que da gusto.

Esta introducción nos ayudará a entender un poco el libro del que vamos a hablar, que no fue escogido por estos motivos sino por otro más mundano: el libro andaba por casa.

“El padre de Blancanieves” trata, si es que podemos sintetizarlo de alguna forma, sobre la llamada “clase media” y su crisis de existencia, analizada desde diferentes enfoques. Básicamente hay una familia con un nivel de vida acomodado, sin grandes lujos, puestos de trabajo fijos (profesora de Instituto ella, empleado de una empresa de software él) y tres hijos. La mayor, de 21 años, militante de un pequeño colectivo de izquierda alternativa. Bien, resulta que hacen un pedido al supermercado, el repartidor llega tarde, este deja la compra a los vecinos y los congelados se descongelan. La madre, Manuela, al verlo se queja y al quejarse echan al empleado, que va a pedir cuentas a Manuela por esto. Esta es la movida.

A partir de aquí, surgen diferentes historias. Manuela decide intentar experimentar una vida de clase obrera y cuestionarse todo, Susana (la hija militante) propone a su colectivo que empiecen a crear alternativas. El padre, ante el panorama, se agarra los machos.

Entre estos tres personajes se enfoca el tema de la clase media. Se hace una referencia clara a la clase media como esa clase obrera con más poder adquisitivo que por medio de su diferencia salarial con la clase obrera con menor poder adquisitivo se permite comprar todo tipo de historias para crearse “su burbuja”. El padre es un defensor de la clase media, su vida acomodada, sin problemas, aunque al mismo tiempo vive totalmente asustado porque sabe que eso es una burbuja que en cualquier momento se puede romper, pero prefiere cerrar los ojos y mirar hacia otro lado y revindica su derecho a hacerlo. La madre, debido al acontecimiento del supermercado, se cuestiona todo y decide intentar cambiar las cosas o intentar que al menos nos las planteemos, mientras que la hija vive en una especie de contradicción entre una vida entre algodones y una militancia pretendidamente radical.

En torno a estos tres personajes y sus reflexiones, sensaciones y conversaciones gira el libro, planteando muchas preguntas hacia los propios personajes y hacia el propio lector, con cierta crudeza pero sin pretender ser aleccionadora.

Además de esta trama familiar, la autora dedica una especial atención a las historias del colectivo revolucionario de Susana y sus historias. Las vidas de sus militantes, sus anhelos, sus “por qué”. Introduce la autora un elemento interesante y es que al “ser colectivo” que es la organización, le da “voz” como un personaje más, de forma que el colectivo reflexiona sobre su función, sobre sus militantes, etc. Esta parte es más interesante para aquellos que hayan tenido o tengan contacto con organizaciones políticas minoritarias, ya que pone sobre la mesa cuestiones como la marginalidad de estas organizaciones, su desorientación, sus delirios, pero también sus necesidades, su fuerza de voluntad, lo negativo y lo positivo. Para las personas que no tienen contacto con esto tal vez les parezca una parte más aburrida. Igualmente, una iniciativa del colectivo es de tipo científico y utiliza mucho lenguaje medio especializado que puede llegar a ser algo engorroso para los que somos de letras aunque en ningún caso supone una pérdida del hilo argumental, más allá de que te quedes un poco perdido con alguna palabra concreta.

En fin, un libro interesante, curioso, que da que pensar. No engancha pero tampoco aburre, queda en ese terreno peligroso del “está bien”, ya que muchas veces el “está bien” es el camino más corto hacia el olvido de una creación, pero en este caso, las reflexiones que introduce son suficientes como para conseguir que lo mantengas en la cabeza un tiempo.


El Alacrán

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